Día del Orgullo Friki 2007






Talleres de Henna



¡Aviso Importante!

Por cada comentario que escribáis en Sistema Anoat, un dólar será enviado a un niño camboyano sin brazos que está atado por el torso a la pata de un elefante.

Si no reenviais este mensaje, una niña muerta se os aparecerá esta noche mientras dormís, tendréis 15 años de mala suerte, el negro nazi os daá una paliza, os pincharéis con una jeringuilla cuando os sentéis en el cine, el messenger será de pago y no volveréis a probar la tortilla de patatas.

¡Esto no es ninguna broma, es totalmente en serio!

Mike Dohanson (Ohio) no escribió ningún comment y fue atropellado por un camión a la salida de su trabajo.

Louis Lopard (Vancouver) se limitó a entrar en la web y no opinar, y poco después cayó por una boca de alcantarilla mientras paseaba de camino a su casa.

Así­mismo, se dice que Helen Mibna (Sao Paulo, Brasil) fue perseguida varias calles por un chupacabras por quejarse reiteradamente de la falta de actualización de la web.

Gracias por vuestra atención.


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  sábado, julio 28, 2007

Fauna de Autobús, vol 6

Muy buenas gente! Como anda bastante liado subiendo fotos al Flickr y vídeos al youtube de la Celebration Europe (una auténtica maravilla), amén de las crónicas que estoy preparando para Star Wars Madrid y de que en pocos días me voy de viaje otra vez, os dejo un nuevo volumen de Fauna de Autobús para no dejar esto empantanado. ¡Nos vemos!

Fauna de Autobús: las Grupis de Autobús

Grupis de Autobús: dícese de la especie insinuante, descarada y voraz, que hace gala de sus encantos (delanteros y/o traseros) para lograr sus propósitos.

Al igual que las Ancianas de Compañía, las Grupis de Autobús se ubican en los primeros asientos del autobús. Esta elección, lejos de ser casual, es vital para conseguir su principal objetivo en la vida: seducir al conductor.

Efectivamente, las mujeres dominan los primeros puestos, con objetivos distintos, pero siempre para camelar al conductor. De hecho, todo parece apuntar a que las Ancianas de Compañía fueron en su juventud Grupis de Autobús.

Volviendo a la especie que nos ocupa, esta especie adolescente y calentorra consigue llenar de frustración al sector masculino del autobús. Me explico. Las lascivas Grupis de Autobús, al igual que las clásicas Grupis de los conciertos, no dudan utilizar su lujuria como medio para conseguir sus fines. En el caso de las clásicas grupis, estar “muy cerca” de los cantantes. En el de las Grupis de Autobús, el objetivo es conseguir un trato especial por parte del conductor de autobús.

Sin embargo, y a diferencia de las Grupis de toda la vida, las Grupis de Autobús no llegan al extremo de ofrecer su cuerpo. Su táctica consiste en seducir, en montar una película en la cabeza (las dos) del solitario y aburrido conductor. En definitiva, en calentarle los cascos. Son las Sirenas de los autobuses.

Algunos diréis que no sabéis nada de esto, pero yo os digo que sí. ¿Acaso nunca habéis visto la típica superjenny rubia y con minifalda hablando con el conductor como si tal cosa? ¿Qué pinta una cría de esa edad hablando en primera fila con un hombre de 40 años como si fuera su colega de toda la vida, en vez de reunirse en la parte trasera con el resto de Goñis? ¿Nunca os lo habéis preguntado? Pues yo sí, y os lo voy a explicar.

A cambio de la conversación y el colegueo con el conductor, éste otorga a las Grupis de Autobús privilegios especiales de los que nos vemos privados los viajeros varones. ¿Cuántas veces habéis visto cómo, una vez que el autobús está arrancando (momento en el que, de la forma más vil y mezquina del Universo, NUNCA, NUNCA, dejan subir a nadie), el conductor abre la puerta para dejar subir a esa belleza que tanta compañía le da? ¡¡Saliendo del exterior de Moncloa a la 1 y 5 de la mañana, han llegado a parar a Grupis casi en el Arco, camino del bus-vao!!
¿Cuántas veces, hombres del mundo, os han hecho el favor de abriros la puerta en ese momento estúpido en el que acaba de empezar a moverse el autobús? Os dejan tirados, por supuesto. Pero a las Grupis no.

Sé lo que pensáis: “pero si las Grupis no les dan temita, ¿entonces por qué ese favoritismo?” Pues porque los conductores de autobús (la inmensa mayoría) son tíos. Y los tíos somos así. Una chica guapa y buscona nos da conversación con voz acaramelada y nos montamos una película porno en la cabeza. La mente de un conductor de autobús funciona así: “si le abro la puerta ahora, seré más colega suyo, y con un poco de suerte me comerá toda la ****a).

Sí, es así, no tiene más. Los tíos somos así. Y el conductor de autobús, patéticamente, se deja manipular por estas sirenas buscando una felación que en la mayoría de los casos nunca llegará.

Un ejemplo perfecto de la discriminación negativa que hace que nosotros paguemos 6 euros para entrar en una discoteca y ellas entren gratis. La que hace que en la oficina ellas puedan vestir como quieran y nosotros debamos encorsetarnos en un traje con corbata. Y la que hace que nosotros nos quedemos tirados en la cuneta y a ellas les abran la puerta del atobús. Sencillamente, porque el portero de discoteca, el jefe de la empresa y el conductor de autobús desean lo mismo en ese momento: que como agradecimiento les coman la ****a.

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  miércoles, noviembre 29, 2006

Fauna de autobús, volumen 4

Hola a todos de nuevo. ¿Ya os habéis pasado al pastafarismo? Muy poco feedback encontré, y yo que pensé que el tema era interesante... En fin, que os convirtáis si no queréis que Sus apéndices tallarinescos os empotren contra una rotonda mientras conducís. Avisados estáis. Ramen.

Ayer mismo estaba tan tranquilo sentado en el autobús cuando se me sentó al lado un individuo insufrible: más cargante que un Sordo, más desquiciante que un Hiperactivo...¡Un Sordo Hiperactivo! Dios no le arranqué la cabeza por poco. Reflexionando en la mejor forma de matarlo pensé en lo que me hubiera jodido estar leyendo un libro en ese momento. Vale que si me veis ahora en el autobús estaré viciándome a la DS, pero eso no quita que me solidarice con el inocente ciudadano que intenta evadirse en el autobús entre las páginas de un libro.

Es por ello que hoy os muestro una nueva especie. Una de las pocas cuya presencia no molesta a nadie, a diferencia de los otros dos. Me estoy refiriendo ese nutrido grupo de bibliófilos, silenciosos moradores del transporte público cuya presencia siempre es de agradecer.


Los Lectores de Autobús.


Especie cosmopolita e inteligente, aporta el toque de cultura necesario en todo autobús.
Quizá sea la especie más numerosa, pudiendo encontrarse fácilmente 4 ejemplares en cada autobús.
Los lectores de autobús marcan la tendencia a seguir, no sólo entre los suyos, sino en toda la población: lo que más se lee en los autobuses y en el Metro, es lo que la gente lee. Ninguna editorial o tienda decide qué es un best-seller y qué no lo es, qué es lo más leído y que lo que pasa desapercibido: los Lectores de autobús lo hacen. Sus preferencia suelen ser las novelas históricas, las mini-novelas femeninas tipo Bridget Jones, y, por supuesto, los thrillers religiosos con conspiraciones de por medio.

Generalizando: los lectores de autobús, en grandes términos, viven pegados a los best-sellers del momento. Es complicado imaginarse al típico Lector de Autobús sin La Sombra del Viento, Ángeles y Demonios o La Catedral del Mar entre sus manos. ¿Son estos sujetos agentes publicitarios de las grandes editoriales? ¿Lo que leen son best-sellers porque ellos lo leen o lo leen porque son best-sellers? Un interesante debate cuya respuesta tan sólo ellos conocen.

Se dice que se alimentan de celulosa, y que se nutren de las fabulosas historias de los libros que leen. Reverenciados hace años, ahora se enfrentan a la incomprensión, el ruido y la falta de respeto de no pocas especies destinadas a extinguir a esta noble e ilustrada especie. De estos depredadores, el más implacable y rotundo es el Sordo, auténtica némesis del Lector de autobús.

Fuera del autobús, es bien sencillo identificar a esta especie. Es ese amiguete que te dice sin tapujos, y con un rimbombante halo de santidad y conocimiento, que el libro le da mil vueltas a la película basada en el mismo. “No han captado la esencia que el autor quería transmitir, y la personalidad de los personajes está totalmente desdibujada”. Tanto si han visto como la película como si no. Algunos sueltan la perorata nada más enterarse de que van a hacer una película sobre el libro.

Poco más se puede decir de los Lectores de Autobús. No molestan, actúan en silencio y son por lo general bien recibidos en cualquier autobús.


En la próxima entrega: las Ancianas de Compañía.



Por cierto, mañana empieza el Expocómic 06, donde siempre y al precio de siempre. Yo iré el sábado a quemar mi dinero, pero también me pasaré mañana jueves para jugar a la Wii. ¡¡¡Sí, van a tener Wiis :D!!! (felicidaaaaaaaaaaaad) Por supuesto, ya os contaré qué tal.

Y para los incondicionales y fieles berricenses: un MEB especial está en camino. El último boletín de la AAA (sí, ese sobre del Bérriz que muchos de vosotros ni abrís, como si así se os fuera a pasar el trauma) me ha decidido a ello.

Que la Fuerza os acompañe.

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  domingo, octubre 22, 2006

Fauna de autobús, volumen 3

Continuamos con nuestra andadura por la rica biodiversidad que encierran los autobuses. El espécimen de hoy es, me atrevería a decir, el más odiado de todos.

Todos nos hemos encontrado con ellos alguna vez, todos hemos tenido ganas de matarlos.

Puede que tú mismo, lector, seas uno de ellos. Si es así, te odio.


El Sordo

Jamás se ha llegado a adivinar si el origen de su nombre es porque está realmente sordo (de ahí que haga lo que hace) o porque aspira seriamente a ello (de ahí que haga lo que hace).

Sin lugar a dudas, es una de las especies más irritantes, molestas y odiadas por todo el autobús, incluso por los Sordos que en ese momento no están ejerciendo. Por no decir la que más.

Es la pesadilla de los Lectores de autobús, la cruz del que se siente no sólo a su lado, sino en su radio de acción. En el caso de los Sordos más poderosos, este radio de acción abarca prácticamente todo el autobús, de modo que todo el mundo en el autobús se percata de su presencia.

Ciertamente, son odiosos. En prácticamente cualquier viaje en autobús os encontraréis con uno. Y sí, se sentarán al lado vuestro, máxime si os ven dispuestos a leer un libro (momento en el que son atraídos como avispas a un bocadillo de Nocilla) o si os sentáis en la parte trasera del autobús, su rincón favorito para taladrarse los oídos. Su natural desdén y su actitud egoísta hacia lo que piensen y escuchen los demás (vamos, que se la suda) son piezas clave en la personalidad de un Sordo, pero de nada serviría sin el instrumento que les caracteriza. El que dice al resto de viajeros “miradme, soy un Sordo”. Los auriculares, efectivamente.

Y es que este asunto tiene miga. Si hay gente que escucha música sin taladrar sus oídos y los del vecino, ¿qué tienen los auriculares de esta gente? ¿De qué están hechos? ¿Están huecos? La creencia popular es que sí, pues si no no se explica la inmensa cantidad de sonido que se va de su oreja para instalarse en las del resto de sufridos viajeros. Mi teoría es que directamente les quitan componentes en plan casero.



Sus gustos musicales son variados, aunque se suelen centrar en el punk comercial, el techno y los éxitos del momento (Shakira, Alejandro Sanz, cosas de esas). El regaetton, no hace falta ni mencionarlo. Es obvio. Por supuesto, nunca se enchufarán algo que, por algún casual, a ti te apetecería escuchar en ese momento.

Muchas preguntas se plantean al observar esta especie: “¿Por qué tan alto?”, “¿Cómo se puede ser tan cabrón?”, “¿Por qué crean los mp3 con el volumen tan alto, cojones?” y sobre todo, “Si yo estoy escuchando la canción perfectamente, ¿qué demonios escuchará él?” Las preguntas derivan casi inmediatamente en malos deseos para tan dañina especie. Todos, absolutamente todos, lo hemos deseado alguna vez: “Ojalá te quedes sordo, cabronazo”.

Lamentablemente, es posible que quedarse sordo sea precisamente su objetivo, algún tipo de ritual de madurez que debe desarrollar en sociedad para ser aceptado por un grupo de Sordos Ancianos. Quién sabe. Los que es seguro es que están en todas partes, y que la única forma de vencerles es uniéndose a ellos: con un mp3 y unos auriculares. Es por ello que su número crece más y más cada día. Tanto como las ganas de darles una hostia.

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  miércoles, septiembre 27, 2006

Fauna de autobús, volumen 2

Muy buenas, ya regresé del Rebelcon 06 de Valladolid. Todo estupendo, salvo el mal tiempo que SIEMPRE nos hace en Valladolid.

Mientras preparo la crónica del evento os presento la segunda entrega de la Fauna de Autobús, el dossier que os permitirá sobrevivir a las especies más pintorescas de los autobuses.

En la anterior entrega conocimos a los Durmientes. Hoy, le toca el turno al Hiperactivo.


El Hiperactivo (no pararás, no)

Tenemos aquí a una de las especies más detestadas por el resto. Individuo insufrible, el hiperactivo ha pasado de actuar en autobuses a ser cada vez más visible en el Metro.

Muchos han intentado explicar el origen de su desquiciado modo de vida, pero nadie lo sabe con certeza. La teoría más aceptada es que el hiperactivo ha sido poseído por el espíritu de la Música, o que ha sido víctima del embrujo de un negro del top manta al que no quiso comprar un disco.

Es un ser no muy abundante, pero claramente reconocible y letal para los desgraciados que se sienten a su lado. El hiperactivo, joven melenudo, dinámico, sobradamente preparado y encantado de haberse conocido, dedica la mayor parte del trayecto (o incluso todo el viaje) a tamborilear con sus dedos frenéticas canciones que sólo existen en su cabeza.

Esta maniobra básica puede adornarse si el hiperactivo posee algún utensilio o instrumento, momento en el que el sujeto llega al convencimiento de que posee una batería. Para él el autobús no es un medio de transporte, es un escenario en que desplegar sus habilidades.

Encontramos el rango más desesperante de hiperactivo en el que, además de tamborilear desquiciadamente, tararea, o directamente canta. Esta cantarina subespecie de hiperactivo suele encarnarse en jóvenes metaleros y, sobre todo, en gente de color que se deja llevar por la musa de la cumbia, el reggaeton y la bachata.

Sea del tipo que sea, todos los hiperactivos tiene una cosa en común: cuanto más te molesten, más se entregarán a sus imaginarios estribillos. Al igual que los Sordos (de los que se hablará en otro capítulo), no se sienten aludidos si un viajero les mira con odio. Al contrario, sienten que su deber es amenizar el trayecto a todo aquel que se encuentre en su radio de acción.

Para terminar, es necesario indicar otro subtipo: el hiperactivo del mechero.

Esta rama no tamborilea, ni siente ligada su alma a la música: a él le gusta su mechero, siente que pierde el tiempo si no está toqueteando su mechero, y se dedica durante todo el viaje a poner nervioso al personal con su puto mechero.

Su obsesiva afición y su expresión de felicidad inducen a pensar que nos encontramos ante una fase del proto-pirómano de contenedores-paradasdeautobús-mendigos que habitan las grandes ciudades.

Raspa la piedra del mechero una vez, y otra, y otra. Chas, chas, chas. No se sabe bien por qué lo hace, pero hay quien cree que para él es una forma como cualquier otra de llegar al orgasmo.


Eso es todo por hoy. En el próximo capítulo, los Sordos.

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  miércoles, septiembre 13, 2006

Fauna de autobús: Vol. 1

Desde hace algún tiempo, y dada mi dilatada experiencia como usuario de autobús (raro es el día que no coja uno para ir a Madrid), me surgió la idea de crear una serie de informes o fichas en las que analizar el tipo de fauna que todos podemos encontrar dentro de un autobús. Me pareció una ocurrencia graciosa, digna de un monólogo, y me puse a ello.

Para los conductores de autobús tampoco me faltan ideas, pero creo que merecen un análisis aparte, profundo y detallado. Por tanto, me centraré por el momento en los viajeros.

Dentro del estudio entran principalmente los usuarios de líneas interurbanas (principalmente, los de las que van de Las Rozas a Madrid, pero supongo que también servirá para las que unen otras dos poblaciones), pero sin olvidar tampoco los de las intraurbanas (en este caso, los que circulan dentro de la ciudad de Madrid, aunque supongo que servirá para las que recorren otras grandes urbes).

Sin más dilación, y a la espera de que retome los Momentos Entrañables Bérriz, os presento el primer espécimen que se me pasó por la cabeza:


Los Durmientes


No leen. Ni escuchan música. Tampoco miran el paisaje. Simplemente, duermen. Una especie silenciosa y enigmática que cualquiera puede encontrar en la mayoría de los trayectos interurbanos .

Encontramos dos importantes subgrupos bien diferenciados:

Primer grupo: Los que luchan contra la tentación (Luchadores)

Este grupo lucha como puede por no sucumbir al sueño. Tras un día agotador, hacen lo que pueden por controlar cabezadas que acaban convirtiéndose en auténticas reverencias. Sin embargo, es inútil: por más que haga, Morfeo acabará venciendo, y el sueño le inundará.

Si el Luchador se ha refugiado en la parte de atrás del autobús, donde puede apoyarse plácidamente entre la ventanilla y el techo, nada podrá librarle de caer dormido. Será una microsiesta de un minuto, de la que despertará pegando un bote, a veces acompañado de un grito de sorpresa.

Es en ese momento cuando los dos mayores miedos de los Luchadores agarrotan sus corazones: primero, comprobar cuántas personas han contemplado tan triste espectáculo, para acto seguido disimular de la forma más digna posible; y después, formularse la gran pregunta que llena de angustia sus mentes: “¿Me habré pasado de parada? ¿Dónde estoy? ¡Ay coño!¡¡Ay coño!!”

*Luchadores “Zidane”
: el rango más alto en la jerarquía Luchador. A esta variante el sueño les ha vencido casi por completo, iniciando una maniobra de combate que en algún momento de su vida le traerá más de un problema: vencida por el sueño, su cabeza inicia una imparable caída en picado que chocará con el hombro del viajero de al lado, para acto seguido incorporarse rápidamente y disimular como si nada hubiera pasado. Dicho proceso dura menos de 2 segundos, pero la vergüenza pasada por el pobre desdichado durará todo el trayecto.

Yo, personalmente, he pertenecido a este sufrido grupo más de una vez, en especial cuando en la Facultad tenía turno de mañana y tarde.


Segundo grupo: Los que se entregan completamente a los placeres del sueño
(Marmotas)

Esta subespecie es la más abundante de entre los Durmientes. En cualquier viaje que hagáis, es casi seguro que encontraréis una Marmota. Tanto si el viaje es de 20 minutos como si es de 2 horas y media, es irrelevante: para una Marmota, los mullidos asientos del autobús son una cama inmejorable, donde dormir apaciblemente sin ningún tipo de complejos.

Y es en este punto donde se diferencian de los Luchadores: la Marmota carece de todo tipo de vergüenza o escrúpulo a la hora de entregarse a los brazos de Morfeo.

Efectivamente, desde que entramos en el autobús son claramente identificables. Distribuidas indistintamente por todo el autobús, con la cabeza echada para atrás y la boca completamente abierta, en una expresión llena de fatiga. Tanto si han estado 10 horas trabajando bajo el Sol en un andamio, como si se han pasado por el Fnac a pillarse unos discos, las Marmotas siempre aparentan haber sufrido el más duro de los desgastes físicos y psíquicos. Un desgaste que sólo un reparador sueño puede aliviar.

Y aquí entramos en una de las características más fascinantes de la Marmota: su peculiar sueño. Profundo, imperturbable, pero controlado al mismo tiempo. Mientras que los Luchadores se debaten contra el sueño, preocupados por si se les pasa su parada, las Marmotas hacen lo más parecido que se puede hacer a hibernar.

Así, aun a pesar de caer en un profundo trance boquiabierto del que pocos estímulos pueden despertarle, mágica y milagrosamente despertarán de su sueño segundos antes de llegar a su parada, a la que se bajarán frescos como una lechuga. No necesitan que nadie les avise, la Naturaleza se encarga de ello. Esta inusual capacidad ha generado fascinación y envidia a partes iguales a lo largo de los años entre la gran mayoría de especies, sobre todo entre los sufridos Luchadores.

Respecto a su diversidad cultural, es significativo señalar que las Marmotas más experimentadas, tanto en pose como en el súbito despertar, suelen ser de raza sudamericana. No hay Marmota más capaz que la peruana, colombiana o ecuatoriana, sujetos que dominan el arte de dormir en un autobús más que nadie.


La próxima semana: El Hiperactivo.

Ahí os espero.

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